Por Javier Garzón
Visitar Pura Calle es encontrarse con un refugio donde el detalle y la técnica se sienten desde la primera impresión. Como alguien que valora la transparencia en el servicio, tener la cocina a la vista suma muchísimos puntos; ver al equipo trabajar con limpieza y amabilidad te predispone a una buena experiencia.
Aquí lo que probé y mi veredicto:
El Café: Sin duda, uno de los puntos más altos. Se nota un cuidado meticuloso en la selección y preparación. Es un café delicioso, servido a la temperatura correcta, ideal para abrir el apetito o prolongar la sobremesa.
Taco de Lengua: ¡Extraordinario! La carne destaca por una suavidad impecable que se deshace en el paladar. Se agradece el balance del cilantro fresco y, sobre todo, las salsas. Logran algo difícil: tienen una profundidad de sabor increíble sin ser agresivas. Saben, aportan carácter, pero no pican en exceso.
La Cochinita Pibil (Gringa): Aquí es donde encuentro un área de oportunidad. La cebolla morada encurtida es una joya; está trabajada con especias que realzan su sabor de forma magistral. Sin embargo, en la gringa, la proporción de queso es muy alta frente a la cantidad de carne. Además, la calidad del queso podría mejorar, ya que su perfil lácteo llega a opacar el sabor del pibil, que debería ser el protagonista.
Ambiente y Servicio: El lugar es sumamente agradable y el equipo de trabajo te hace sentir bienvenido desde que llegas. Cuentan con algunos espacios de estacionamiento, lo cual es un gran alivio en esta zona.
En resumen: Pura Calle es una parada obligada para quienes buscan una cocina honesta, un servicio atento y uno de los mejores tacos de lengua que he probado recientemente. Con un ajuste en el equilibrio de sus gringas, alcanzarían la perfección.
Recomendación: No se vayan sin probar el café y el taco de lengua. ¡Vale totalmente la pena!
Áreas de oportunidad: el desafío del equilibrio en la Gringa
Incluso en una propuesta de alto nivel, el análisis periodístico encuentra matices. La cochinita pibil muestra destellos de genialidad en su cebolla morada encurtida, trabajada con especias que realzan su perfil aromático de forma magistral.
Sin embargo, en la presentación tipo “gringa”, la proporción de lácteos resulta excesiva. La alta cantidad de queso y su perfil de sabor llegan a silenciar al pibil, que por derecho propio debería ser el centro de la atención. Ajustar este equilibrio elevaría el plato al nivel de excelencia que muestran sus otros platillos.
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