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Un acercamiento a la gastronomía

Sólo la cuchara conoce el fondo de la olla

Hola, hola, mi estimado lector, ¿qué tal te fue ayer dando el grito? Espero que todo tranquis; por aquí, todo sereno. Y justamente vamos a darle continuidad a este tema gastronómico con motivo patrio, ¿te late? Porque el día de hoy te voy a hablar de aquel, del único que aguanta todo y que todavía te nutre, al que llamaron castigo azteca, pero ahora resulta ser el superfood vegano. Sí, ni más ni menos: el nopal, la planta que nos dio patria y nos sigue dando de comer.

Porque si el maíz es nuestra madre, el nopal es nuestro padre: el que está ahí callado, aguantando de sol a sol, como buen papá mexicano. Su nombre científico es Opuntia, pero nosotros le decimos nopalli y tiene más de 100 especies nada más aquí en México. Oíste bien, 100. Somos el país con más tipos de nopal del mundo. Tenemos el de Castilla, el de San Luis, el de Puebla, el de xoconostle (que es su primo agrio), el que da tunas, el que no da nada y el que nomás adorna.

Y lleva aquí desde antes que nosotros. Se han encontrado semillas de nopal de hace 7,000 años en Tehuacán y aquí cerquita en Puebla. Oíste bien, desde hace 7,000 años llevamos comiendo nopal, por eso lo llevamos por la sangre, tatuado en nuestro ADN, y es nuestro orgulloso escudo nacional.

Cuando los aztecas vieron un águila parada en un nopal devorando una serpiente, no dijeron: «Ay, mira, qué bonito paisaje». Ellos dijeron: «Aquí nos quedamos», y fundaron Tenochtitlan sobre un nopal. Literal, vivimos sobre el nopal. Para los aztecas lo era todo: comida, medicina y casa. Déjame te explico: con la baba curaban heridas, con la penca asada calmaban el hambre, con el fruto hacían agua y con el bichito —ese que ves encima—, bueno, es una cochinilla de la cual sacan un rojo, el rojo más caro del mundo. El rojo carmín que usaban los reyes en Europa para sus capas venía de ahí, de ese insecto diminuto que vive en el nopal mexicano. Así como lo lees: México vistió a Europa de rojo con un piojito del nopal.

Llegaron los españoles y no lo entendían; dijeron que eso era comida para indios, para pobres. Y sí, la neta lo es, y por eso sobrevivimos. Mientras el trigo se moría sin agua, el nopal seguía ahí, verde, infladito de agua, aguantando 50 grados. Ahí te va el dato que lo cambia todo: el nopal es 95% agua, es un tinaquito con espinas. Por eso crece donde nada crece; no necesita riego ni fertilizante, tan solo sol. Produce 40 toneladas de comida por hectárea casi sin agua. Fíjate: cuando el maíz necesita 1,000 litros para un kilo, el nopal solo necesita 180 litros. Es la planta del futuro y nosotros la tenemos en el patio desde hace 7,000 años.

Y ahora resulta que el mundo por fin lo descubrió. Allá en el gabacho le dicen superfood, te lo venden en polvo o en cápsulas a 15 dólares. Nosotros lo vendemos a 10 pesitos el kilo en el mercado y ya limpiecito, sin nada de espinas, porque doña Chole ya nos hizo el paro.

¿Que para qué sirve? Ahí te va: baja el azúcar en sangre, por eso es el mejor amigo del diabético; baja el colesterol porque tiene más fibra que la avena, más calcio que la leche y más vitamina C que la naranja. Es prebiótico, te limpia, te llena y no te engorda. Una penca tiene tan solo 17 calorías; es decir, te podrías comer un cerro y seguirías bien fit.

Por eso lo usaban como castigo: en la época azteca al borracho lo castigaban obligándolo a comer solo nopal. ¡Hoy los veganos pagan por eso! Fíjate, fíjate, fíjate, como diría el Chavo.

Milpa Alta, en la Ciudad de México, produce el 80% del nopal del país. Puebla ocupa el segundo lugar como productor con San Bernardino Chalchihuapan, donde producen nopalito tierno que se va directito a la capital.

Así que la próxima vez que te comas un nopal asadito con tantita sal de grano y unas gotitas de limón, que suelte su babita y truene en el comal, recuerda que no te estás comiendo una guarnición: te estás comiendo el escudo nacional, te estás comiendo la planta que nos dio patria, que nos dio el rojo más caro del mundo y que nos va a salvar cuando se acabe el agua, ¡de mí te acuerdas!

El nopal es México: espinoso por fuera, suave por dentro y aguanta todo.

¿Cómo vas? ¿Le seguimos? Yo sé que te está gustando. Así que, por favor, comparte esta información, difunde a México y nos vemos la próxima semana en la siguiente entrega. ¡Hasta la próxima!

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