Con la fase de grupos y buena parte de octavos de final ya jugados en México, el balance real del hospedaje durante el Mundial 2026 empieza a aclararse, y confirma algo que se veía venir desde antes del silbatazo inicial: la ocupación no llegó al nivel soñado, pero el gasto por habitación sí. Guadalajara, la última de las tres sedes mexicanas en cerrar su participación con cuatro partidos, es el ejemplo más claro de esa paradoja.
Guadalajara: menos cuartos ocupados, más dinero por cuarto
Gustavo Staufert Buclon, director de la Oficina de Visitantes y Convenciones de Guadalajara, informó que la ocupación hotelera de la ciudad durante junio —mes en que se jugaron los cuatro partidos mundialistas en la capital jalisciense— fue de 57%, es decir, 11 puntos por debajo de la registrada en junio del año pasado. Pero la tarifa promedio por habitación se disparó 187%, al pasar de 1,800 a casi 4,000 pesos. El resultado: pese a menos cuartos ocupados, la hotelería tradicional tapatía generó una derrama directa de mil 600 millones de pesos, equivalente a lo que hubiera dejado una ocupación de 120% con las tarifas del año anterior. Hubo incluso una suite presidencial rentada en 12 mil dólares diarios durante una semana completa.
La Oficina de Visitantes proyecta que el ingreso turístico global de Guadalajara para junio se ubicará entre 10,500 y 11,000 millones de pesos, por encima del pronóstico inicial de 10,000 millones, aunque de los 3 millones de turistas que se esperaban solo llegaron entre 2 millones y 2.1 millones.
Airbnb, protagonista silencioso
Mientras la hotelería tradicional ajustaba tarifas al alza, las plataformas digitales absorbieron parte de la demanda que no encontró acomodo —o precio accesible— en los hoteles de cadena. En Guadalajara, la zona metropolitana cuenta con 11 mil unidades de Airbnb, equivalentes a unas 15 mil habitaciones, y se calcula que la plataforma generará ahí una derrama de entre 400 y 500 millones de pesos. A nivel de los tres países anfitriones, Brian Chesky, director ejecutivo de Airbnb, había proyectado más de 700 mil huéspedes reservados en la plataforma para el torneo, de los cuales alrededor de 180 mil se hospedarían en México.
Ciudad de México: entre la meta oficial y la calle
En la capital, el contraste entre discursos fue aún más marcado en las primeras semanas. Coparmex CDMX reportó una ocupación de apenas 65% durante el arranque del torneo —similar a la de “un junio normal”, según fuentes hoteleras citadas por medios especializados—, mientras que la Concanaco documentó después una ocupación de 78.7% en la ciudad, con un crecimiento de 16.2% frente a la misma semana de 2025. La brecha entre ambas lecturas ilustra el mismo fenómeno observado en Guadalajara: la ocupación pura no cuenta toda la historia si no se acompaña del dato de tarifas y gasto por visitante.
La lectura de fondo
El patrón que dejan las cifras de cierre es consistente: los hoteles no llenaron tantos cuartos como prometían las proyecciones de hace un año, pero compensaron con tarifas hasta el triple más altas en los días de partido. Airbnb, por su parte, capitalizó al viajero que buscaba flexibilidad de precio y grupos grandes compartiendo espacio. Ninguno de los dos modelos “ganó” el Mundial en términos absolutos: cada uno absorbió un segmento distinto de una demanda que, en volumen total, resultó más moderada de lo anunciado, pero mucho más rentable por unidad de lo habitual.
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