Por: Javier Garzón
En los últimos días, el ruido mediático en torno al Tianguis Turístico 2026 ha intentado imponer una narrativa de confrontación que me parece, por decir lo menos, injusta. La crítica de la Asociación Nacional de Cocineras y Cocineros Tradicionales hacia la participación de Adriana Márquez (de restaurante Taol) no solo es divisiva, sino que desenfoca el verdadero fondo del asunto.
Como alguien que ha recorrido los fogones de nuestra Sierra, me veo en la necesidad de poner un alto a los señalamientos que buscan descalificar por el simple hecho de invitar. La pelea no debe ser entre nosotros.
El mérito no se divide, se suma
Es un error peligroso caer en el purismo que intenta anular a quien, desde la trinchera empresarial, trabaja por preservar nuestra identidad. Descalificar a Adriana Márquez bajo el argumento de “usurpación” es ignorar el esfuerzo de años por dignificar los sabores de la región desde la técnica y la profesionalización.
Hay que decirlo con claridad:
- No hay punto de comparación, porque no son competencia. El mérito de una cocinera tradicional como doña Victoria Contreras Coyota o Norma Ramos es inmenso y sagrado; es la raíz. El trabajo de un establecimiento como Taol es el puente que lleva esa herencia a nuevos paladares con una visión contemporánea.
- Ambos son necesarios. Cuetzalan necesita de sus guardianas del linaje en las juntas auxiliares, pero también de sus chefs y empresarios que generan empleo y mantienen vivo el legado en el sector comercial.
El dedo en el renglón: El error es de gestión, no de la persona
Si algo debemos cuestionar como sociedad y como gremio, no es la presencia de una profesional en un evento turístico, sino la estrategia de la Secretaría de Turismo estatal.
Es la institución la que debe ser transparente y equilibrada. No se trata de quitarle el lugar a nadie, sino de asegurar que la foto esté completa. Si el gobierno del estado decide llevar a una representante, su responsabilidad es asegurar que tanto la tradición pura como la gastronomía de autor tengan su espacio de honor. Atacar a quien acepta una invitación de buena fe para representar a su municipio es un despropósito.
“Dignificar a Cuetzalan significa reconocer a todos sus actores. Descalificar a un profesional para elevar a otro es un ejercicio de suma cero donde el único que pierde es el Pueblo Mágico.”
Una oportunidad para la unidad
Este conflicto debería ser, en realidad, un catalizador. En lugar de etiquetas que excluyen —”simulación” o “apropiación”—, deberíamos hablar de colaboración.
Mi reconocimiento personal es para ambos bandos: para la maestría de nuestras cocineras tradicionales y para el rigor de establecimientos que, como Taol, ponen el nombre de Cuetzalan en alto.
Basta de usar nuestra cultura como un arma arrojadiza. La gastronomía es, por definición, comunión. Que el Tianguis Turístico sea la excusa para reforzar el trabajo de todos, y no la hoguera donde quememos el esfuerzo de quienes, desde su trinchera, no han hecho más que trabajar por el orgullo de nuestra tierra.
La verdadera identidad de Cuetzalan es lo suficientemente grande para que quepamos todos. Aprendamos a ver el bosque, no solo el árbol que quieren talar.
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