Cuatro estudiantes de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) encontraron en un insecto la respuesta a uno de los problemas más persistentes de la nutrición infantil en México. Se llama Protavia —un nombre que condensa innovación, vida y proteína— y es una startup biotecnológica que transforma grillos en botanas altas en proteína, pensadas para niñas y niños que hoy no cubren sus requerimientos nutricionales básicos.
El proyecto nació de un enfoque multidisciplinario: Eruviel Alejandro Olivares Rendón y Axel Alejandro Ramírez Martínez, de la licenciatura en Biotecnología, se asociaron con Frida Lizet Guarneros Ramírez, de Comercio Internacional, y Alondra Terrazas Araoz, de Administración y Dirección de Pequeñas y Medianas Empresas, para construir algo más ambicioso que una fórmula alimenticia: un modelo completo de producción inteligente de proteína entomológica.
De la granja modular a la botana
Con el respaldo de la Incubadora BUAP y la Dirección de Innovación y Transferencia de Conocimiento (DITCo), el equipo diseñó granjas modulares para la crianza de grillos, equipadas con sensores que monitorean en tiempo real variables como temperatura, humedad, iluminación y alimentación. El objetivo: optimizar cada ciclo de producción y garantizar consistencia, algo poco común todavía en la crianza de insectos comestibles a pequeña escala.
Ese grillo se transforma después en proteína entomológica, que los estudiantes combinan con proteína vegetal para desarrollar churritos con sabores pensados para el paladar mexicano: taco, sal y limón, y fuego. Los propios estudiantes explican que buscaron crear botanas atractivas tanto para niños como para adultos, sin sacrificar el sabor, y que ya lograron estandarizar la fórmula de producción, desde la pulverización de la materia prima hasta la harina que da origen a los churritos Protavia.
El proyecto no se quedó en la receta. Evolucionó hacia un esquema de producción inteligente que integra Foodtech y Agrotech, con miras a transferir esta tecnología a bajo costo a otros productores, acompañada de una guía basada en datos reales de monitoreo. Según describen los fundadores, la propuesta pasó de ser solo una harina funcional a convertirse en un modelo con trazabilidad completa del proceso.
Por qué el grillo, y no otra fuente de proteína
La elección del grillo no es casualidad ni una moda pasajera del mundo foodtech. Distintos estudios científicos, incluidos los del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), documentan que la harina de grillo puede alcanzar hasta 72% de proteína, muy por encima del 20-25% de la carne de res, el 15-25% del cerdo o el 18-25% del pollo. A eso se suma un perfil completo de aminoácidos esenciales, vitamina B12, hierro y ácidos grasos omega-3 y omega-6.
La ventaja ambiental es igual de contundente. Mientras producir un kilogramo de proteína de res puede requerir miles de litros de agua y grandes extensiones de tierra, la cría de grillos consume una fracción mínima de esos recursos y genera decenas de veces menos emisiones de gases de efecto invernadero, según coinciden múltiples investigaciones sobre entomofagia y sostenibilidad alimentaria.
Un problema que las cifras no dejan de confirmar
La apuesta de Protavia responde a una realidad que las encuestas oficiales de salud siguen documentando en México. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) citados por UNICEF México, la desnutrición crónica continúa afectando a alrededor de uno de cada ocho niños y niñas menores de cinco años en el país, con mayor prevalencia en las zonas de menor desarrollo. Un análisis reciente basado en Ensanut 2020-2024 encontró que 4.1% de los menores de cinco años presenta bajo peso y 14.1% baja talla —indicador directo de desnutrición crónica—, cifra que en algunos informes recientes muestra además una tendencia al alza.
UNICEF describe la situación como una “triple carga de la malnutrición”: desnutrición, deficiencia de micronutrientes y, al mismo tiempo, un aumento sostenido del sobrepeso infantil, todo dentro de un sistema alimentario que no logra ofrecer dietas saludables y asequibles a las familias de menores ingresos. Es exactamente ese nicho —alimentos funcionales, nutritivos y de bajo costo de producción— el que Protavia busca atender con una botana que, según sus creadores, no compite en sabor con cualquier otra golosina del mercado.
Reconocimiento internacional
El trabajo del equipo ya empezó a ser validado fuera de las aulas de la BUAP. Protavia fue reconocido en la competencia Hult Prize México 2026 y también recibió una distinción del Aspire Institute, fundado por la Facultad de Negocios de Harvard —dos señales de que el proyecto no solo tiene un propósito social sólido, sino también un modelo de negocio que resulta atractivo para inversionistas y aceleradoras internacionales.
Lo que viene
Los estudiantes plantean que su modelo de granjas modulares puede transferirse a otros productores a bajo costo, acompañado de una guía basada en datos reales de monitoreo —una forma de escalar el impacto más allá de la propia producción de Protavia. Si el proyecto logra consolidar su cadena de producción y distribución, podría convertirse en un caso de referencia para el sector foodtech mexicano: prueba de que la innovación universitaria puede convertirse en una herramienta concreta contra uno de los problemas de salud pública más persistentes del país.
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