La Asociación de Sommeliers Mexicanos (ASM) nombró a Lulú Martínez Ojeda como Enóloga del Año 2026, en reconocimiento a una trayectoria que arrancó en los viñedos de Burdeos y hoy se traduce en algunos de los vinos más celebrados del Valle de Guadalupe. El reconocimiento se entregó durante la Gran Final del Concurso Nacional de Sommeliers, celebrada en San Miguel de Allende, Guanajuato, en el marco del Día Internacional del Sommelier.
Para Comensal, la distinción confirma algo que la industria del vino mexicano ya sabía: Lulú Martínez es, hoy por hoy, una de las enólogas más influyentes de Latinoamérica.
¿Quién es Lulú Martínez y por qué la premiaron?
¿Por qué la ASM eligió a Lulú Martínez como Enóloga del Año? Por su excelencia técnica en la vinificación, su consistencia profesional y su papel en el fortalecimiento de la industria vitivinícola mexicana, criterios centrales que la asociación evalúa cada año para esta distinción.
Originaria de Ensenada, Baja California, Martínez inició su formación en Francia, donde llegó a los 18 años con la intención de estudiar derecho internacional. Un viaje a Burdeos cambió el rumbo: descubrió que ahí se podía estudiar profesionalmente la producción de vino y decidió quedarse. Al concluir la carrera, fue contratada por Henri Lurton, del prestigioso Château Brane-Cantenac, y sumó experiencia también en Château Smith Haut Lafitte, dos de las casas más respetadas del viejo mundo en viticultura de precisión y vinificación de alta gama.
De Burdeos al Valle de Guadalupe
En 2014, después de 16 años fuera del país, Lulú Martínez regresó a México para encabezar el proyecto de Henri Lurton en tierras ensenadenses. Poco después asumió la dirección enológica de Bruma Vinícola, bodega que bajo su liderazgo se consolidó como uno de los proyectos más innovadores del Valle de Guadalupe, con una producción anual cercana a las 25 mil cajas, de las cuales 40% se exporta a Estados Unidos.
Actualmente, Martínez combina su labor en Bruma con la consultoría enológica en Bodegas de Santo Tomás, la vinícola más antigua de Baja California, con 135 años de tradición. Esta doble responsabilidad —una bodega de vanguardia y una casa histórica— la coloca en un punto poco común dentro del sector: el de puente entre la tradición vitivinícola de México y su renovación técnica y estilística.
Un vino que habla de identidad
Martínez ha sido clara sobre su filosofía de vinificación: prioriza los blancos y rosados sobre los tintos, en sintonía con el clima y el producto local de Baja California. Su etiqueta más entrañable, el Ocho Rosé, un sangiovese de corta maceración, fue el primer vino que elaboró en Bruma y llegó a formar parte de la carta por copeo de The French Laundry, uno de los restaurantes más reconocidos de Estados Unidos.
Este 2026, su trabajo también se hizo visible fuera del circuito especializado del vino: Fairmont Mayakoba, en la Riviera Maya, lanzó The Collection, una línea exclusiva desarrollada junto con Bruma y bajo la dirección enológica de Martínez, como parte de la celebración por los 20 años del resort. La colección —integrada por The Blanco, The Tinto y The Reserva— es una muestra de cómo el vino mexicano de autor ya dialoga directamente con la hospitalidad de lujo y el turismo internacional.
Liderazgo femenino en una industria en transformación
Martínez ha sido una voz activa sobre las barreras de género que enfrentan las mujeres en la enología. En entrevistas recientes ha señalado que, si a su generación le tocó la etapa combativa para abrirse espacio, hoy la conversación se mueve hacia la colaboración dentro de una industria donde cada vez hay más enólogas al frente de proyectos relevantes en México.
Este año, además, es la primera ocasión en que la ASM es dirigida por una mujer, la sommelier Georgina Estrada, lo que refuerza una tendencia de liderazgo femenino que atraviesa distintos frentes de la industria vinícola nacional.
Lo que viene para el vino mexicano
El reconocimiento a Lulú Martínez llega en un momento en el que el vino mexicano gana terreno tanto en el mercado interno como en el internacional, apoyado en historias como la suya: formación de clase mundial, regreso al territorio de origen y una propuesta que conecta el terruño de Baja California con la mesa contemporánea. Para quienes siguen la ruta del Valle de Guadalupe, su trabajo en Bruma y en Santo Tomás sigue siendo una cita obligada para entender hacia dónde va la enología mexicana.
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