Tlecuil – Cocina de humo

Un acercamiento a la gastronomía

Sólo la cuchara conoce el fondo de la olla

¿Qué tal, mi estimado lector? Qué gusto saludarte por este medio nuevamente.

Ya hemos hablado del chile con acta de nacimiento, pero me gustaría compartir que no es el único chile que pone en alto a México mundialmente. Para ello requiero empezar por el inicio y darte a conocer algunos datos curiosos sobre este delicioso estandarte nacional.

EL CHILE es la única droga legal que nos hace llorar de felicidad.
El chile es nuestro carácter como mexicano.

El chile nació aquí. No en Asia, no en la India. Aquí, entre Puebla, Oaxaca y el sureste, hace unos 6,000 años. En la misma cueva de Coxcatlán donde encontramos el maíz y el aguacate, encontramos semillas de chile de hace 6,000 años. O sea que llevamos 6 milenios echándole salsa a todo. Es la dieta más larga del mundo.

Los aztecas lo tenían muy claro. Tenían 6 palabras diferentes para el picor. No decían “pica mucho”. Decían si picaba al inicio, si picaba en la garganta, si picaba y luego se iba. Tenían catadores de chile profesionales. Y Moctezuma se tomaba su cacao con chile. Imagínate, 50 jícaras al día de chocolate con chile. Ese señor no necesitaba café.

Cuando llegaron los españoles, se les durmió la boca. Literal. Cristóbal Colón buscaba pimienta negra, que valía más que el oro, y se encontró con esto que picaba más y era gratis. Lo llamó “pimiento” porque no sabía qué era. Se lo llevó a Europa y en 50 años ya estaba en todo el mundo. Los húngaros hicieron paprika, los indios hicieron curry, los tailandeses hicieron su comida. Todos con nuestro chile. Es el invento mexicano más pirateado después de la piñata.

Y aquí viene el dato científico que nadie te cuenta: el chile no pica. Miente. La capsaicina, que es la sustancia que tiene, no te quema. Engaña a tu cerebro. Le dice a tu lengua “te estás quemando” y tu cerebro responde mandando endorfinas para calmar el dolor. Por eso nos gusta. Es una droga natural. Te pica, lloras, sudas, y luego te sientes feliz. Es masoquismo gastronómico prehispánico.

Por eso México tiene más de 64 tipos de chiles nativos. 64. No es jalapeño y ya. Es poblano, que cuando se seca es ancho. Es chilaca, que cuando se seca es pasilla. Es el mismo chile con dos vidas, como nosotros cuando nos vamos al norte. Tenemos el habanero, que es de los más picantes del mundo y huele a fruta, el chipotle que no es un chile, es un jalapeño ahumado, el chiltepín, chiquito como canica pero bravo como suegra.

Y lo medimos con la escala Scoville. El pimiento morrón tiene 0. El jalapeño, 8,000. El habanero, 350,000. El Carolina Reaper gringo, 2.2 millones. Pero ninguno tiene sabor. Pican y ya. El nuestro pica y sabe. Sabe a tierra, a humo, a sol.

Dicen que los mexicanos le echamos chile hasta al dulce porque somos adictos. No. Le echamos chile al dulce, a la fruta, al elote, a la cerveza, al chocolate, porque entendimos algo hace 6,000 años: sin picor, la vida es plana.

Un mexicano sin chile es como taco sin tortilla. Se puede, pero no se debe.

Así que la próxima vez que le muerdas a un chile de árbol bien tostadito y sientas que se te duerme la lengua, que te lloran los ojos y que te falta el aire, sonríe. Estás sintiendo lo mismo que sintió un olmeca hace 6,000 años en Veracruz. Y estás vivo. Muy vivo.

Difunde esta información y comparte México a través de este segmento de información gastronómica que con mucho cariño sale calientita cada semana.

¡Te veo en la próxima entrega!

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